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7 feb 2013

LÉEME...



El inesperado renacer de los recuerdos olvidados, de aquellas falsas imágenes que reflejan otros, de un verdadero momento, de una acción borrosa para un futuro desmemoriado. En verdad es poco lo que se  puede recordar, sí, por su puesto, estoy intentándolo, ¿no es así? Cómo juzgarme si no pueden arrancar ese momento de mi cabeza, y no pueden saber si intento recordarlo o no…

¿Les he dicho que pocas veces olvido lo que hago? Bueno, en esta ocasión parece que me falló las conexiones electrónicas que se hallan en mi cerebro, porque el cerebro está conectado de manera impresionante, todos los recuerdos, los acontecimientos y demás, son pulsaciones electrónicas que viajan de un lado para otro, dando órdenes. ¿Que qué sé del cerebelo? Poca cosa en realidad, de pronto que es uno de los centros nerviosos en el encéfalo. Sí, lo sé, lo sé, me estoy saliendo del tema ¿Y quién no? Pero del encéfalo no me pregunten, de eso ni por las curvas.

Escuchó unas voces “Empiece a relatarnos eso, narre…”. Sí, eso, recuerdo, a ver, no lo entiendo, mi memoria jamás se detiene en detallar todo lo que ve, pero en este caso no lo veo bien. ¿Les he dicho que tengo memoria fotográfica? ¿No? Les puedo decir quienes se hallaban en la posesión de ese presidente de ahorita, de eso me acuerdo, “Unidad Nacional”, si claro… es como una religión cristiana, todos para uno y uno para el todo. Después el inocente, que no hizo nada, que fue a sus espaldas, que eso es un “falso positivo” en contra de él, no se sabe que más. Bueno, pero no me presione, ya vuelvo al tema.

Después de meditarlo por algunos segundos, tal vez pueda decirles un detalle que jamás se me olvidará, cada vez que veo esa imagen en mi cabeza vuelven a mí esos olores, el olor de cada recuerdo, acompañado de su dibujo exclusivo, un excelente reencuentro con el pasado, es incluso superior a lo que dicen, aquello mencionado sobre “el pasado no revive”, para mí lo hace de manera momentánea en las reproducciones mentales.

Por favor, no se exalte, no se exalte, yo soy una persona pacifica no deseo problemas. Si usted pudiera ver las imágenes que tengo acá, en mi mente, como me entendería, sería algo magnifico. Por ello, se lo digo de la mejor manera, déjeme empezar a escribir mi historia, antes de que mis ideas más espectaculares desaparezcan, gracias. 

Edison González Lemus

RECUERDO OLVIDADO



¿Y no es triste el recuerdo marchante?
Las dudas que avanzan, las efemérides que el viento no alcanza,
¡Oh! Eterna luz del alba, rayos fortuitos que tocan, sienten,
Dinos, ¿Desde cuándo nos acompañas?

¿No es esa tumba la que las penas cantan?
Aquella en los ojos de rostros delebles
Que arrancan de raíz esos efímeros momentos armónicos de un pasado.

Mira, quedarás en el olvido, igual que todo, que todos,
Pocas mentes tendrán en sus imágenes misteriosas y solitarias la tuya,
La mía,
La tuya.

Somos sombras del pasado,
Inertes en la tierra fértil, sedientas en el rio fresco,
Sin espacio en sus futuras mentes.

6 dic 2012

LA COMPRA FATAL


Era uno de esos días en los que caminar no vale menos, en los que observar la triste cara que pone la sociedad en estos fríos lugares de la ciudad no importa. Paso a paso, lento pero seguro, caían las hojas de un árbol en marchito deseo de morir para no ver más sufrimiento, para no dejarse permear por los humanos, caer en ese frívolo humo que invade su cuerpo, encerrado en un mísero espacio concedido por las personas que lo ven como algo preciado, y sin embargo lo abandonan a su suerte de vida inmóvil.

Ese lúcido árbol mostraba su majestuosa vejez, iluminada por luces artificiales, no voy a negarlo me parecía precioso el espectáculo, pero al mismo tiempo vergonzoso, recordando la contaminación visual de esas plazas, como las estrellas no existen allí, como sí en el campo, empero no hay que dejarse llevar por nostalgias, la ciudad es la ciudad, la magia de su espacio es única.

Recordando el tema, caminaba mientras miraba las iluminadas tiendas de comida rápida, de artesanías indígenas y otros artefactos… ferreterías, almacenes de ropa, la desastrosa tienda que jamás se volvió a abrir ¿Un fracaso mercantil? No, una falsa oportunidad de progresar en una sociedad consumida por el dinero.

Mierda, me desvío de la trama principal, ¿No es así? ¿No dudamos en todo momento? He vuelto al tema, caminaba como cualquiera lo hace en un día del diciembre helado del centro en la noche, cuando lo vi, medía más o menos unos ciento sesenta y cinco centímetros, o eso me pareció según mi estatura. Era hermoso como el más esbelto de su especie, una semejanza de la realidad absurda de la sociedad contemporánea. Recuerdoque entré,dudoso, a ese lugar decorado con miles de luces artificiales, con piso en madera oscura de la más fina al parecer (No sé de eso), con la sonrisa de una dama y la hipocresía que caracteriza a los seres casados de mentir con la mirada. Le hablé de él, lo pagué con trivial felicidad, exigí el que se hallaba exhibido, quisieron convencerme de que era un modelo anticuado, que no duraría, etcétera, pero mi furia los aplacó de su intento. Colocaron delicadamente su cuerpo en una caja blanca como la nieve (Bueno, para el que la conozca, porque aquí no cae), luego, lo llevé con marcha pausada a mi vivienda.

Los primeros días fueron de la más alegre compañía, esas hojas verdes de caucho, esa base de hierro que asemejaba a uno real, tan alto como yo, tan seco como mi cuerpo, solitario y callado, era totalmente lo que deseaba.

Acabó diciembre, ¡Oh!,endemoniado mes de ocultas sensaciones, de fiestas sin sentido, de pensares olvidados, de melancolía reprimida por la más leve idea de algo nuevo, eso que  jamás existió, un año. Todo se había retirado, las luces, la ropa, los hombres rojos, los adornos irracionales, ¡todo!, excepto ese objeto (que desesperado compré en la fecha)en el rincón más profundo de mi casa, lo veía asomado, sin palabras, sin reclamos, sin dejarse permear por el cambio de año. Decidí no poner atención a sus acciones, pese a que otros me dijeron que lo guardara, que sólo era para una fecha determinada.

Pasó un año en un abrir y cerrar de libros, no me di cuenta de que existía hasta que vi las primeras luces brillar en la parte de afuera, mi corazón palpitó y un escalofrío estremeció mi cuerpo, ¿Qué hacía eso ahí? ¿Qué lunático compró eso? Un yo del año pasado; me agobió su soledad, corrí a la calle y compré luces, adornos, una estrella gigante para su punta y regalos tontos para colocarlos debajo de él, sabiendo que nadie los abriría porque vivo solo. Lo adorné con paciencia y cariño, no fue suficiente, seguía ahí, paciente por algo que yo no sabía… me quedaba horas ausculto, esperando un movimiento, esperando a que cayera sobre mí y me usurpara mi identidad, mi forma de ser, vi pensamiento diferente. Temblaba de terror a su lado.

No terminó el mes, ni las luces dejaron de resplandecer cuando decidí tomar cartas sobre el asunto, lo cogió por el cuello indiferente que lo sostenía y lo sometí en el piso, rompiéndolo en pedazos absorbido por el terror que me producía, dejó de alumbrar, cayeron las hojas de sus ramas, ¡Oh no puede ser! Lo asesiné… comencé a agitarme desesperado, saqué el cuerpo por la parte de atrás y lo enterré por la noche en el patio para que nadie se diera cuenta.
Al día siguiente, me reía casi a carcajadas con la mirada extraña de mis compañeros de trabajo encima de mío, cuando me preguntaban el porqué de mis risas, les decía: ¿Cómo pude darle tanta importancia a un viejo árbol de navidad? Luego me quedaba serio, pensando lo compulsivo que fui en su momento. 

Edison González 

7 nov 2012

EN OTRAS MANOS



Se acomodó el sobrero de ala corta que llevaba puesto y dijo:

- Es poco lo que se recuerda sobre el hecho, y sin embargo todavía quedan algunos curiosos que miran a esa esquina de la calle cuando pasan por allí, no es la primera vez que ocurre esto en esta parte de la ciudad si usted me permite decirlo, pero si la que marcó con mayor trascendencia mi vida, por ahora.

Suspiró mientras el interrogador quiso marcharse pensando que no hablaría más, cuando en el momento en que los cuerpos esperan separarse por irracionales o desajustadas deduzcas del destino, abrió la boca como casi de un grito:

- Mis ojos de vez en cuando dejan escapar una que otra expresión de sentimientos memorizados,perdone mis palabras, es que cuando lo recuerdo se me sale lo de poeta, ¿Sabe? Algún día fui todo un don Juan, le mandaba cartas a todas las muchachas que me atraían, sobre todo a Rosita, si usted la hubiera conocido, era una belleza, toditos los hombres la deseaban pero ella me correspondía por mis afamados versos, por ahora, eso ya no importa; por lo pronto contaré algo a usted, que es bien visto por la comunidad y eso que apenas lleva un par de meses en este barrio de mala muerte.

Se acomodó en la silla mientras el otro esperaba que siguiera su dialogo, prosiguió:

- Ahora que me pongo a pensarlo, no sé bien que fue lo que ocurrió… le contaré lo que vi, porque vi algo. Estaba el que me preguntó, sí, caminando como normalmente caminaba, cojo, eso le informo, el muchacho tenía una pata más larga que la otra, bueno, muchacho como decir muchacho no era, para mí que sobrepasaba los cuarenta y usted sabe que eso es como el medio día, usted me entiende. La cuestión es que el verriondo se las quiso dar de mucho con esos sujetos que lo asaltaron, muchos dicen lo hicieron por rendir cuentas, es que era un jugador empedernido, de esos que se gastaban ni lo que tenían, debe ser que tuvo una deuda con esos y lo mandaron matar. Lo que sé es que él sacó una navaja o cuchillo (como se lo imagine) del bolsillo y se les mandó como desafiando a la muerte, yo iba con mi hijita de dieciséis años y la tuve que voltear para que no viera, cuando me di cuenta el paciente estaba en el suelo, si viera como le brotaba todita la sangre por el vientre, ahí me dije, no más, y me llevé a mi vástago (usted me entiende) a la casa, la chinita lloraba como margarita desconsolada, como si a ese lo conociera. Eso fue todo lo que vi… espero que le sirva. ¿El muerto le debía algo? Me permite la pregunta…
- Sí…
- Algo importante
- Sólo se me adelantaron…

Comenzó a caminar por la dirección de la que venía, con su gabán negro y maldiciendo a los hombres por errar de tantas maneras y verse obligados a sucumbir en manos equivocadas, su rostro no dejó escapar ni siquiera poco del sentimiento que el viejo demostró en tanto le hablaba del tema.

- Ese chico si tenía enemigos, quien sabe que otro juego perdió para que éste viniera a buscarlo, supongo que se jugó la vida.

Brotó una leve lagrima que recorrió el rostro hasta estrellarse con la piel deteriorada y desesperanzada del ahora.
El viajero anduvo hasta que el anochecer comenzó a borrar su sombra.


Edison González

1 oct 2012

SUEÑO ENTRE RECUERDOS



El furtivo deseo de las mentes olvidadas quiere gritar con impaciente furor. Eso fue lo que me dijo antes de despertar, aquellas fueron sus últimas palabras que mis sueños reflejaron en mis cubiertos oídos ante la llegada de los vasallos de la incompetencia social a destruir sus culturas.

Sus mentes me hicieron revivir lo que debe de cierta manera brotar sobre mis venas, el vago sentir de mi palpitar esparciendo el líquido dentro de mi cuerpo, que asiente agradecido con suspiros de vida.

Aun lo recuerdo, como olvidar la belleza de sus adornos, los curioso de su organización social, lo particular de sus cuerpos labrados por la misma tierra desde sus entrañas, el dolor de su existencia compartiendo lo que es suyo con los individuos que me acompañaron esa noche. Y todavía más me impresionaba como sus manos caían rendidas a sus pies en modo de agradecimiento. La belleza en su expresión más esbelta. Es la pureza de verdadera libertad, de las verdaderas sensaciones que es necesario experimentar, el agua que es indispensable beber, calmar la sed de identidad, la que al despertar todavía me corroe el alma, la que hace brotar de mis tristes ojos lamentos por haberlos abierto.

Me contaron una historia, dijeron que existió alguna vez un lugar precioso, que muchos de los más atrevidos extranjeros buscaron, me contaron el dorado de los ríos de aquel sitio, me mantuvieron soñando mientras dormía con el taita bañado en oro del más hermoso deseo, el agua de pureza máxima como su recito de estadía, el baño como recompensa para los dioses, para la madre tierra.

Como me agradaría volver a tener esa deliciosa quimera, pero no es así, parece que no volverá a ser así, la fría y arrogante ciudad carcome mis huesos que se calentaban placenteramente en ese sitio; mi respirar se entre corta con el tajante oxigeno de este espacio, cosa que era calmado y armonioso en aquel lugar. Mi cuerpo se halla estático ante la lluvia de afuera, las sabanas saben a sal húmeda, mientras evoco a esa cultura de hace más de quinientos años; roso cada parte de mi cuerpo con mis hambrientos dedos para saber que algo de mí fue parte de uno de los aborígenes.


Edison González

DESARRAIGO MATERIAL



Y aunque el pensamiento corrompe el alma,
el dolor recorriendo el cuerpo marchito por
la lluvia de los recuerdos,

La memoria será desmemoriada cuando caiga la última gota,
 porque no hay más que las experiencias para
 saber que lo que el sentir tocó alguna vez,
el tiempo lo desvanece como aquellas huellas que el desierto no quiere que surjan,
como el sentir de los cantares que la mente escucha,
 pero que no desea que lo recorra.

Porque es mejor para los que recuerdan no volverlo a repetir,
ya que aquello repetitivo no tiene sentido si no hay transformación,
y con imágenes ridículas de acciones individuales no hagas recordar,
reaccionar al dolor que asiente,
no por medios en masa, no para todos.

Mejor ataca directamente, dolor de mi ser, 
sufrimiento que deshacer,
Olvida que alguna vez fuiste otra cosa que                
  el desarraigo que mi piel desea.

Alysom

21 ago 2012

LÁGRIMAS DE ALGODÓN



Ahora llueve, no es el invierno lo que me aqueja, sino encontrarme postrado en este infernal lugar que algunos llaman de los más hermosos y magníficos placeres, como lo es el sueño, pero también lo he visto para diversos recitales de gritos y sofocantes respiros que me hicieron en su momento casi desmallar.
Era mi madre, sí ella, la que se considera mi progenitora, se hallaba apaciblemente acostada mientras en un voraz deseo de implacable animalidad que me hace sucumbir como lo dije, un individuo desaforado sin razón escalaba su humanidad.

Ese maldito e indiscriminado sentimiento que tiene mi madre con tal sujeto me corrompe el alma cuando ella muy tiernamente por las noches me abrasa con su dulce calor cuando nos vamos a dormir, pero me calma su forma de arroparme con ese amado sentir que ella tiene por mí.

Es cuando yo me pregunto ¿Por qué hace lo que hace cada noche? ¿Por qué no se queda junto a mí y  no se deja caer en brazos ajenos si no en los míos? Los he visto llegar cada noche, como con el cielo comprado, es decir con seguridad que se consuma lo que ellos quieren. “Porque después de cada cena, viene el postre” decía uno mientras me acariciaba mirando a mi madre, y ella triste, demasiado desesperanzada como para objetar o apenas decir algo.

Si pudieran brotar lágrimas de mis oscuros ojos las dejaría caer, pero no puedo, no puedo ni siquiera mencionar palabra, estoy encarcelado en esos horribles pensamientos y esas asquerosas visiones, gemidos de uno porque no de ella, jamás de ella, porque a veces lo intenta, pero no lo puede, me mira con su desolado rostro y brotan sus lágrimas.

Pero como voy a ser tan desaforado, ¿Por qué demonios no me marcho de su lado? No, ¡No!, jamás podría dejarla sola, nunca en mi descarado existir lo haría. Soy lo que mantiene al menos una sonrisa en ese cuartucho abandonado. Es cierto, yo siempre estoy sonriendo, una sonrisa falsa la que surge de mi ser.

¿Dónde está papá? Me gustaría preguntarle a Mami, ¿Por qué no estás con él? De él si me aguantaría esos ruidos desaforados que escucho, e incluso los tuyos con él… y no los gemidos de tus sollozos por la noche. Pero yo, apenas siendo un tierno y tonto peluche regalado que te bautizó como madre no puedo hacer nada por ti, ni lágrimas salen de mi cuerpo de algodón.

Edison González

POEMA SURREALISTA



SUEÑOS

Esto fue real en mi mente,
Anoche soñé que era un dios…
Los clavos en mis manos se sienten,
Ensangrentados eran los ríos…

A mis lados los ladrones,
Al frente las pirámides,
Keops, Micerino y Kefrets,
La luna en sangre sale por el este,
Luego la muerte fue mi suerte…

Flores muertas en un vaso delgado,
“lástima”, digo, “estos es lo único que ha dejado”.

El amorte…
El amor te mata,
Después de que te ata,
Después de que te jacta,
Después de que te la jartas.

Pensando así me desperté,
Talle un ángel desnudo de espaldas,
Cojí una rosa, después acerté:
“Esta flor hermosa te quita las alas”,
Después la clave en su espalda,
Un puñal ya no hace falta.

Esta es mi cruz…
Ya he sido negado,
Ya he sido traicionado,
Ya he sido crucificado,
Pero nunca resucitaré al tercer día,
Esta es mi cruz…

Sebastián Alvarado




24 jul 2012

COSMOS LITERARIO



MI SANGRE EN UNA COPA


Una copa curvilínea y seductora
la cual dejaba que el albor acariciara el otro lado de la mesa
un carmesí aterciopelado se escapaba a contraluz
mientras mis labios ya añoraban el dulce néctar,
tome la copa con firmeza,
para asegurar mi propiedad,
lo acerque a mi nariz y los aromas me envolvieron irremediablemente
caí presa de un embrujo inexorable una vez que te detienes en el deleite
después lentamente, quizá para prolongar el mayor tiempo posible,
ese momento previo a deslizar los fulgurantes sabores por mi garganta ansiosa
llevé con suma pasividad el cristal a mi boca
y deje que me inundara la historia, la vida y el alma
del exquisito extracto rescatado de las entrañas de mis venas.


Nathaly Ortíz

5 jun 2012

Poesía: "LETRAS"


Letras

Letras expandiéndose rápidamente
por la faz inmensa y colapsada del pálido papel
 me ruegan, me gritan,
me piden que las deje en libertad.

Son esclavas trémulas y cadenciosas
De la vida, de la muerte, del tiempo y del silencio.
Son camino y caminante, son destino y travesía.

Un te quiero, un te amo, un te extraño en las venas
Un desierto, un concierto, no bastan para ser eternas;
Apenas y permanecen cuando las arrullo,
Cuando las canto o las escribo,
Son tan débiles en las voces vanas y condenadas,
Pero son pilares irremovibles cuando en versos las reparten,
Las comparten, son sus guantes y su espada
Son exploradoras del ayer y del mañana.

Nathaly Ortiz Peña

EL SHOW


¿No era la noche fría la que congelaba sus manos? ¿No era aquel triste invierno el que          congelaba su cuerpo de fantasioso deseo, ante la mirada ferviente de miles de hombres? Y sin embargo bailaba, y aún no lo puedo creer, bailaba.

¿Su antipático pensamiento la hacía reír ante aquella multitud que la observaba? De pronto le gustaba ser la mira de todos ellos, que eran solamente hombres con su mórbido deseo al contemplar ese cuerpo, un cuerpo de diosa tal vez, un cuerpo de sonrisas maltratadas por el tiempo. No nos mintamos, no era joven, en absoluto lo era; no obstante, una sola mirada  levantaba los intensos carnales de los presentes.

¿Sigo con los presentes? Porque eran ellos el centro del espectáculo, más que ella (aunque preciosa), aquellos sujetos se amontonaban para chiflar, gritar, reír y hasta insultarla. ¡Qué ira cuando vi eso! ¡Era un insulto total!

Yo la veía preciosa mientras se encontraba en aquellas cuatro paredes, ya lo he dicho,          hermosa como la última rosa que se marchita lentamente ante el invierno que la azota,        desnuda, desnuda pero encerrada en ella, en sus pensamientos, ojos perdidos en el   alba eterna de la luz…

Lo confieso, el invierno se hallaba afuera y ella adentro, pero el frio era el mismo, la nieve     sofocaba el respirar, incluso en algún momento los viajeros arriesgados de afuera perdían la vista con ella. Pero eso es afuera, y dejémoslo afuera, más bien pensemos en lo de adentro, en lo doloroso de adentro, de la mujer marchita que se veía socavada por esos ojos inconscientes.
¡Malditos ojos esos!, me hacían hervir la sangre.

Me declaro culpable, ni siquiera alcanzaba los catorce años cuando me introduje, solo, para ver aquel espectáculo que apenas empezaba a enredar mi corta vida; y, cuando la vi a ella mi corazón se impresionó de tal manera que ante su belleza cedió una lagrima de mis ojos aguados.

Pero ahora y al haberme ido de casa para no volverla a ver, reconozco que eso lo hacía por mí, que era para darme la educación que jamás tuvo ella, o que dijo no tener; obviamente no la perdono, porque no hay nada que perdonar, todo se hallaba en su orden normal, ella cumplía con su deber, no existía ningún problema con lo que hacía al pararse en esa tarima a mostrar su cuerpo ante esos despreciables sujetos. Lo comprendí hace poco que la vi pasar la calle ya anciana, sola, ella en esa avenida gigante, la ayudé a pasar, no me reconoció como mi padre cuando nos abandonó.

Aún le ayudo a pasar la calle cuando la veo y le auxilio con ciertas cosas en su humilde casa, porque mi madre se merece alguien que la valore, no como aquel hijo que perdió por ser envidioso de su cuerpo y de su amor. 


Edison González Lemus

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