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6 dic 2012

LA COMPRA FATAL


Era uno de esos días en los que caminar no vale menos, en los que observar la triste cara que pone la sociedad en estos fríos lugares de la ciudad no importa. Paso a paso, lento pero seguro, caían las hojas de un árbol en marchito deseo de morir para no ver más sufrimiento, para no dejarse permear por los humanos, caer en ese frívolo humo que invade su cuerpo, encerrado en un mísero espacio concedido por las personas que lo ven como algo preciado, y sin embargo lo abandonan a su suerte de vida inmóvil.

Ese lúcido árbol mostraba su majestuosa vejez, iluminada por luces artificiales, no voy a negarlo me parecía precioso el espectáculo, pero al mismo tiempo vergonzoso, recordando la contaminación visual de esas plazas, como las estrellas no existen allí, como sí en el campo, empero no hay que dejarse llevar por nostalgias, la ciudad es la ciudad, la magia de su espacio es única.

Recordando el tema, caminaba mientras miraba las iluminadas tiendas de comida rápida, de artesanías indígenas y otros artefactos… ferreterías, almacenes de ropa, la desastrosa tienda que jamás se volvió a abrir ¿Un fracaso mercantil? No, una falsa oportunidad de progresar en una sociedad consumida por el dinero.

Mierda, me desvío de la trama principal, ¿No es así? ¿No dudamos en todo momento? He vuelto al tema, caminaba como cualquiera lo hace en un día del diciembre helado del centro en la noche, cuando lo vi, medía más o menos unos ciento sesenta y cinco centímetros, o eso me pareció según mi estatura. Era hermoso como el más esbelto de su especie, una semejanza de la realidad absurda de la sociedad contemporánea. Recuerdoque entré,dudoso, a ese lugar decorado con miles de luces artificiales, con piso en madera oscura de la más fina al parecer (No sé de eso), con la sonrisa de una dama y la hipocresía que caracteriza a los seres casados de mentir con la mirada. Le hablé de él, lo pagué con trivial felicidad, exigí el que se hallaba exhibido, quisieron convencerme de que era un modelo anticuado, que no duraría, etcétera, pero mi furia los aplacó de su intento. Colocaron delicadamente su cuerpo en una caja blanca como la nieve (Bueno, para el que la conozca, porque aquí no cae), luego, lo llevé con marcha pausada a mi vivienda.

Los primeros días fueron de la más alegre compañía, esas hojas verdes de caucho, esa base de hierro que asemejaba a uno real, tan alto como yo, tan seco como mi cuerpo, solitario y callado, era totalmente lo que deseaba.

Acabó diciembre, ¡Oh!,endemoniado mes de ocultas sensaciones, de fiestas sin sentido, de pensares olvidados, de melancolía reprimida por la más leve idea de algo nuevo, eso que  jamás existió, un año. Todo se había retirado, las luces, la ropa, los hombres rojos, los adornos irracionales, ¡todo!, excepto ese objeto (que desesperado compré en la fecha)en el rincón más profundo de mi casa, lo veía asomado, sin palabras, sin reclamos, sin dejarse permear por el cambio de año. Decidí no poner atención a sus acciones, pese a que otros me dijeron que lo guardara, que sólo era para una fecha determinada.

Pasó un año en un abrir y cerrar de libros, no me di cuenta de que existía hasta que vi las primeras luces brillar en la parte de afuera, mi corazón palpitó y un escalofrío estremeció mi cuerpo, ¿Qué hacía eso ahí? ¿Qué lunático compró eso? Un yo del año pasado; me agobió su soledad, corrí a la calle y compré luces, adornos, una estrella gigante para su punta y regalos tontos para colocarlos debajo de él, sabiendo que nadie los abriría porque vivo solo. Lo adorné con paciencia y cariño, no fue suficiente, seguía ahí, paciente por algo que yo no sabía… me quedaba horas ausculto, esperando un movimiento, esperando a que cayera sobre mí y me usurpara mi identidad, mi forma de ser, vi pensamiento diferente. Temblaba de terror a su lado.

No terminó el mes, ni las luces dejaron de resplandecer cuando decidí tomar cartas sobre el asunto, lo cogió por el cuello indiferente que lo sostenía y lo sometí en el piso, rompiéndolo en pedazos absorbido por el terror que me producía, dejó de alumbrar, cayeron las hojas de sus ramas, ¡Oh no puede ser! Lo asesiné… comencé a agitarme desesperado, saqué el cuerpo por la parte de atrás y lo enterré por la noche en el patio para que nadie se diera cuenta.
Al día siguiente, me reía casi a carcajadas con la mirada extraña de mis compañeros de trabajo encima de mío, cuando me preguntaban el porqué de mis risas, les decía: ¿Cómo pude darle tanta importancia a un viejo árbol de navidad? Luego me quedaba serio, pensando lo compulsivo que fui en su momento. 

Edison González 

7 nov 2012

EN OTRAS MANOS



Se acomodó el sobrero de ala corta que llevaba puesto y dijo:

- Es poco lo que se recuerda sobre el hecho, y sin embargo todavía quedan algunos curiosos que miran a esa esquina de la calle cuando pasan por allí, no es la primera vez que ocurre esto en esta parte de la ciudad si usted me permite decirlo, pero si la que marcó con mayor trascendencia mi vida, por ahora.

Suspiró mientras el interrogador quiso marcharse pensando que no hablaría más, cuando en el momento en que los cuerpos esperan separarse por irracionales o desajustadas deduzcas del destino, abrió la boca como casi de un grito:

- Mis ojos de vez en cuando dejan escapar una que otra expresión de sentimientos memorizados,perdone mis palabras, es que cuando lo recuerdo se me sale lo de poeta, ¿Sabe? Algún día fui todo un don Juan, le mandaba cartas a todas las muchachas que me atraían, sobre todo a Rosita, si usted la hubiera conocido, era una belleza, toditos los hombres la deseaban pero ella me correspondía por mis afamados versos, por ahora, eso ya no importa; por lo pronto contaré algo a usted, que es bien visto por la comunidad y eso que apenas lleva un par de meses en este barrio de mala muerte.

Se acomodó en la silla mientras el otro esperaba que siguiera su dialogo, prosiguió:

- Ahora que me pongo a pensarlo, no sé bien que fue lo que ocurrió… le contaré lo que vi, porque vi algo. Estaba el que me preguntó, sí, caminando como normalmente caminaba, cojo, eso le informo, el muchacho tenía una pata más larga que la otra, bueno, muchacho como decir muchacho no era, para mí que sobrepasaba los cuarenta y usted sabe que eso es como el medio día, usted me entiende. La cuestión es que el verriondo se las quiso dar de mucho con esos sujetos que lo asaltaron, muchos dicen lo hicieron por rendir cuentas, es que era un jugador empedernido, de esos que se gastaban ni lo que tenían, debe ser que tuvo una deuda con esos y lo mandaron matar. Lo que sé es que él sacó una navaja o cuchillo (como se lo imagine) del bolsillo y se les mandó como desafiando a la muerte, yo iba con mi hijita de dieciséis años y la tuve que voltear para que no viera, cuando me di cuenta el paciente estaba en el suelo, si viera como le brotaba todita la sangre por el vientre, ahí me dije, no más, y me llevé a mi vástago (usted me entiende) a la casa, la chinita lloraba como margarita desconsolada, como si a ese lo conociera. Eso fue todo lo que vi… espero que le sirva. ¿El muerto le debía algo? Me permite la pregunta…
- Sí…
- Algo importante
- Sólo se me adelantaron…

Comenzó a caminar por la dirección de la que venía, con su gabán negro y maldiciendo a los hombres por errar de tantas maneras y verse obligados a sucumbir en manos equivocadas, su rostro no dejó escapar ni siquiera poco del sentimiento que el viejo demostró en tanto le hablaba del tema.

- Ese chico si tenía enemigos, quien sabe que otro juego perdió para que éste viniera a buscarlo, supongo que se jugó la vida.

Brotó una leve lagrima que recorrió el rostro hasta estrellarse con la piel deteriorada y desesperanzada del ahora.
El viajero anduvo hasta que el anochecer comenzó a borrar su sombra.


Edison González

1 oct 2012

SUEÑO ENTRE RECUERDOS



El furtivo deseo de las mentes olvidadas quiere gritar con impaciente furor. Eso fue lo que me dijo antes de despertar, aquellas fueron sus últimas palabras que mis sueños reflejaron en mis cubiertos oídos ante la llegada de los vasallos de la incompetencia social a destruir sus culturas.

Sus mentes me hicieron revivir lo que debe de cierta manera brotar sobre mis venas, el vago sentir de mi palpitar esparciendo el líquido dentro de mi cuerpo, que asiente agradecido con suspiros de vida.

Aun lo recuerdo, como olvidar la belleza de sus adornos, los curioso de su organización social, lo particular de sus cuerpos labrados por la misma tierra desde sus entrañas, el dolor de su existencia compartiendo lo que es suyo con los individuos que me acompañaron esa noche. Y todavía más me impresionaba como sus manos caían rendidas a sus pies en modo de agradecimiento. La belleza en su expresión más esbelta. Es la pureza de verdadera libertad, de las verdaderas sensaciones que es necesario experimentar, el agua que es indispensable beber, calmar la sed de identidad, la que al despertar todavía me corroe el alma, la que hace brotar de mis tristes ojos lamentos por haberlos abierto.

Me contaron una historia, dijeron que existió alguna vez un lugar precioso, que muchos de los más atrevidos extranjeros buscaron, me contaron el dorado de los ríos de aquel sitio, me mantuvieron soñando mientras dormía con el taita bañado en oro del más hermoso deseo, el agua de pureza máxima como su recito de estadía, el baño como recompensa para los dioses, para la madre tierra.

Como me agradaría volver a tener esa deliciosa quimera, pero no es así, parece que no volverá a ser así, la fría y arrogante ciudad carcome mis huesos que se calentaban placenteramente en ese sitio; mi respirar se entre corta con el tajante oxigeno de este espacio, cosa que era calmado y armonioso en aquel lugar. Mi cuerpo se halla estático ante la lluvia de afuera, las sabanas saben a sal húmeda, mientras evoco a esa cultura de hace más de quinientos años; roso cada parte de mi cuerpo con mis hambrientos dedos para saber que algo de mí fue parte de uno de los aborígenes.


Edison González

21 ago 2012

LÁGRIMAS DE ALGODÓN



Ahora llueve, no es el invierno lo que me aqueja, sino encontrarme postrado en este infernal lugar que algunos llaman de los más hermosos y magníficos placeres, como lo es el sueño, pero también lo he visto para diversos recitales de gritos y sofocantes respiros que me hicieron en su momento casi desmallar.
Era mi madre, sí ella, la que se considera mi progenitora, se hallaba apaciblemente acostada mientras en un voraz deseo de implacable animalidad que me hace sucumbir como lo dije, un individuo desaforado sin razón escalaba su humanidad.

Ese maldito e indiscriminado sentimiento que tiene mi madre con tal sujeto me corrompe el alma cuando ella muy tiernamente por las noches me abrasa con su dulce calor cuando nos vamos a dormir, pero me calma su forma de arroparme con ese amado sentir que ella tiene por mí.

Es cuando yo me pregunto ¿Por qué hace lo que hace cada noche? ¿Por qué no se queda junto a mí y  no se deja caer en brazos ajenos si no en los míos? Los he visto llegar cada noche, como con el cielo comprado, es decir con seguridad que se consuma lo que ellos quieren. “Porque después de cada cena, viene el postre” decía uno mientras me acariciaba mirando a mi madre, y ella triste, demasiado desesperanzada como para objetar o apenas decir algo.

Si pudieran brotar lágrimas de mis oscuros ojos las dejaría caer, pero no puedo, no puedo ni siquiera mencionar palabra, estoy encarcelado en esos horribles pensamientos y esas asquerosas visiones, gemidos de uno porque no de ella, jamás de ella, porque a veces lo intenta, pero no lo puede, me mira con su desolado rostro y brotan sus lágrimas.

Pero como voy a ser tan desaforado, ¿Por qué demonios no me marcho de su lado? No, ¡No!, jamás podría dejarla sola, nunca en mi descarado existir lo haría. Soy lo que mantiene al menos una sonrisa en ese cuartucho abandonado. Es cierto, yo siempre estoy sonriendo, una sonrisa falsa la que surge de mi ser.

¿Dónde está papá? Me gustaría preguntarle a Mami, ¿Por qué no estás con él? De él si me aguantaría esos ruidos desaforados que escucho, e incluso los tuyos con él… y no los gemidos de tus sollozos por la noche. Pero yo, apenas siendo un tierno y tonto peluche regalado que te bautizó como madre no puedo hacer nada por ti, ni lágrimas salen de mi cuerpo de algodón.

Edison González

25 mar 2012

OTRA HISTORIA DEL REY MIDAS III


(Continuación)
La flor en el fango

En menos de dos horas llegó una joven de cabello negro, ojos oscuros y una piel tan pálida como la del segundo joven. Era hermosa, su rostro (con labios rojos y finos) se veían tan perfectos que impresionó los sentimientos carnales que Midas había perdido hacía mucho tiempo. Éste la reconoció porque la vio jugar en el jardín de aquella mansión.

-       Llegas rápido –Dijo Midas-
-       Vengo por mis hermanos –mencionó ella con rostro más pálido que el de su tono de piel-
-       ¿Y la recompensa? –Preguntó el rey-
-       No necesito algo así.
-       Te llevaré donde están ellos.

La llevó al jardín en el cual los dos hermanos como estatuas que antes tuvieron vida, yacían. La joven comenzó a sollozar diciendo a Midas:

-       ¿Por qué?
-       El primero –Habló Midas dando la espalda, viendo a los dos jóvenes- por la codicia material y el segundo por la codicia física.
-       ¿Cómo? ¿No son lo mismo? –Preguntó intrigada la joven-
-       La codicia material hace referencia a la materia alrededor del cuerpo que se desea para no desprenderse de ella. La codicia física hace referencia a la belleza del cuerpo en su exterior.
-       ¿Por qué haces esto? –Casi gritó-
-       ¿Por qué? Porque su codicia los hizo caer ¿No son lo que querían? A propósito, tú no eres como ellos, aunque te pareces al segundo.
-       Mi madre me crió, a diferencia de ellos a los cuales educó mi padre.
-       De tal palo tal astilla, no obstante aún me pregunto por qué viniste por ellos.
-       Yo los quiero y… -Quedó pensativa algunos instantes- espera, tú debiste morir hace miles de años.
-       Sí, pero soy inmortal gracias a la maldición que me impuso Dionisio (El Dios del vino).
-       ¿Inmortal? ¿Por qué no pides a Dionisio que te libere de tal sufrimiento?
-       Porque ya está muerto.
-       ¿Cómo? Si es un Dios ¿No es acaso inmortal?
-       Sí, pero desapareció en el tiempo al ser olvidado por los hombres, al ser borrado de sus memorias, de su fe, de sus ritos. Aun así yo lo alababa, sin ser suficiente para que se hallara aquí en estos momentos, porque es Dionisio el Dios del vino y las fiestas; no tuve como alabarlo, sin compañía no podía, en soledad infinita no quería realizar tal labor. Yo en cambio soy mencionado y recordado, por ello tengo juventud, no siento dolor, ni envejezco, no siento nada.
-       Si no lo sintieras no te encontrarías en la amargura en la que te hallas, no pensarías, no actuarías, porque para qué moverse, para qué existir si no se siente –dijo la joven con timidez-
-       Tienes razón, llevo aquí más de dos mil quinientos años, fui rey de Frigia y Dionisio me dio este don (una maldición) por haber salvaguardado uno de sus compañeros perdido; convertía todo en oro, por error a mi hija Zoe, no supe que hacer más que pedirle al Dios del vino que me devolviese mi vida, mi hija, él se apiadó de mí y me dijo que me bañara en el rio Páctalo para deshacerlo, así lo hice, mi hija volvió a ser la misma de siempre y nos marchamos a una cabaña.
-       Pero si perdiste el don ¿Por qué lo tienes otra vez?
-       Te lo diré niña. Mi codicia material volvió a brotar, llegando con ella el don al darme un abrazo mi hija. Me bañé en el mismo rio, no funcionó, mi hija era oro sólido. Era todo… pero dejemos eso; Dime, ¿Tú que quieres?
-       Yo, quiero a mi padre y hermanos de vuelta.
-       Bien, ¿No deseas oro, belleza, riqueza alguna?
-       Ya tengo todo lo que necesito… sin embargo sin mis hermanos y padre no sería de ese modo, es mi petición –Miró directamente la espalda de Midas como si fueran sus ojos-    
Midas volteó y la observó, los ojos de la joven brillaban por las lágrimas que comenzaron a brotar de ellos; el rey dejó un collar en el suelo diciendo:
-       Quiero que lo tengas, sin embargo no puedo concederte ese deseo. Lo que en verdad se merece no perderá su valor –Exclamó al final, con una sonrisa y una lagrima de agua que brotaba sin convertirse en oro, ya que su cuerpo era un poseedor del don y la túnica que llevaba era de un material especial que Dionisio fabricó para él. Levantó su mano derecha y mencionó: Ya había intentado esto, pero no tenía éxito en mi acción, espero ahora acabar con mi sufrimiento –Dirigió sus dedos a su frente y quedó petrificado, oro sólido era el rey.

La joven impresionada observó que los objetos a su alrededor tanto como sus hermanos tomaban su forma anterior, previa a ser convertidos.

Cuando llegaron los tres a la casa, vieron a su padre y madre alegres en la puerta. La joven tenía una inquietud ¿Por qué él dijo que no cumpliría lo pedido por ella, si en verdad lo hizo? Pensó en ello hasta que un día, cuando sus hermanos (Que aun así no cambiaron sus actitudes) dijeron que el propósito de su vida era ser ricos.  Al escuchar eso, pensó en Midas y supo el por qué de lo sucedido, Midas cumplió su misión, encontrar a alguien que no lo quisiera por riqueza o la belleza física, si no que buscara otra cosa.

Tenía el collar de Zoe que era de oro sólido ¿Por qué se convirtió Midas en oro? ¿Por qué sufrió tanto? Era su propósito, buscar a alguien como ella, pero supo su propósito antes de tiempo, buscando lo más pronto posible a tal persona, “hay que ser pacientes y esperar, porque el propósito llegará aunque fuese en el último segundo de la vida” se dijo la joven en voz baja, mientras reía en su tierno despertar hacia la verdad. Sobre el collar de oro, lo que en verdad se merece no perderá su valor real y esta flor en que brotó del fango para salvar a Midas lo supo.

Aun se puede ver la estatua de aquel mítico rey en nuestros corazones, que si descuidamos se convertirán en oro sólido, metal frio y muerto, no por culpa de Midas, sino por la codicia de cada uno.   
FIN

OTRA HISTORIA DEL REY MIDAS


OTRA HISTORIA DEL REY MIDAS 

Nosotros tenemos un propósito, no sólo el que se encuentra vivo sino también el muerto; pero aquel que está en movimiento y se rige a base de proteínas, lo cumplirá, así sea en su último momento de vida, incluso se puede decir que muere porque su misión ha sido cumplida. La cuestión es, afortunado aquel que descubre su propósito antes de tiempo o desafortunado si se deja absorber por él.

Midas caminaba por las calles de una ciudad con agitación contaste observando a las personas movilizarse en su desesperada existencia, donde las acciones se sistematizan, en las cuales los sujetos se sujetan, vida consumida, por sus presuroso paso y su rostro triste. Ropa con accesorios que se asemejan entre sí, oposición a ello, el pensamiento es diferente. Iguales pero diferentes.

Midas analizaba atentamente a cada uno de forma sigilosa y sin levantar sospecha, con ojos más muertos que vivos. Analizar, es una palabra que implica demasiadas cosas, pero para las acciones de Midas era necesaria, no le faltaba detalle alguno. Hasta que en un momento en el cual miraba a una pareja darse un beso que más parecía una apariencia de sentimientos y un deseo carnal, un mendigo le colocó su mano sobre el hombre y le dijo:

-          Una moneda para vivir
-          ¿Es que necesitas una moneda para vivir? –Observó Midas-
-          Sí –Mencionó el vagabundo –
-          ¿Sientes en estos momentos dolor, cansancio, alegría? –Interrogó él-
-          Sí, dolor y cansancio –Dijo secamente el sujeto-
-          ¿Entonces dices estar muerto sintiendo dolor físico? –Manifestó Midas-
-          No, ¿me va a dar la moneda?
-          ¿Estás vivo y dices necesitar una moneda para vivir? Espera…

Midas se sentó en el suelo y ofreció puesto a su acompañante que le siguió después de él.
-          ¿Quieres riquezas?
-          Sí –Se entusiasmó el mendigo-
-          Entonces te enriquecí hombre –Sonrió Midas-
-          Pero no me ha dado nada –Refunfuñó el personaje-
-          Sí, te dije que vives, eso es demasiado valioso…
-          Necesito dinero –Casi gritó él-
-          Bien… -Suspiró Midas-

Midas convirtió una botella de plástico que el mendigo tenía en la mano en oro, mientras este estupefacto cogió ahora el pesado objeto en sus manos.
-          ¿Es suficiente o quieres más?
-          Para mis hijos… -Miró la botella en sus manos sucias y gruesas-

Midas convirtió en oro un trapo algo salido del bolsillo que tenía el vagabundo, y que ahora pasó a pertenecer a sus manos

-          ¿Más? –Dijo Midas-
-          Deberías… -Mencionó él, dando a conocer su avaricia-
-          El oro es una carga pesada –Recalcó Midas-
-          Yo puedo cargarlo, soy fuerte aunque no lo creas, porque pese a mi condición jamás me he dejado vencer por las adversidades de los nuevos tiempos –Rezongó éste-

Otro suspiro hizo de Midas aún más triste de lo que era, sin embargo, convirtió su ropa en oro, lo cual hizo quedar en el suelo al sujeto sin poder casi moverse por el peso.

-          Así que puedes convertir lo que tocas en oro, parece absurdo en esta época pero…
-          ¿Cómo? –Casi grita Midas- ¿Deseas más de esto?
Lo observó con detenimiento, sus ojos brillaban de forma extraña, su rostro quiso dibujar una sonrisa de complicidad, que ocultó al instante, pero era culpable del delito, Midas, convirtiéndose en juez, con el mazo de la verdad mencionó su veredicto.

-          ¿Cuál es tu residencia?
-          Calle Mason, 1 Estibenson B –Dijo algo desconcertado el mendigo-
-          Lo comprendo.

Tocó casi de un santiamén con su índice izquierdo la frente sucia de este hombre, sucia tal vez por dentro y por fuera como la fruta podrida, que a veces engaña con su belleza superficial pero que por dentro decepciona con su sabor desastroso, que de forma inmediata se convirtió el en metal dorado de peso maligno.

-          Te llevaré a tu casa –Dijo Midas a lo último, hablando ya con una estatua y cerrando los ojos con símbolo de derrota-
Continuará…Edison González

23 mar 2012

OTRA HISTORIA DEL REY MIDAS

OTRA HISTORIA DEL REY MIDAS
(Continuación)
Peticiones pretensiosas
A pesar de su cuerpo delgado y verse frágil, Midas poseía una fuerza épica concedida por Dionisio o Bacco, además de tener aquel don (Para él maldición) de convertir cualquier objeto que toque en oro. Así que él llevó el pesado material a la dirección que le había mencionado éste en vida. Por el camino los transeúntes lo miraban de manera extraña, eran sujetos que aparte de la moda parecían uniformados marchando en fila con frialdad total que no intimidaba al antiguo rey.
Al mismo tiempo que estos personajes, se acercaron cuatro seres inescrupulosos rodeándolo, Midas colocó el objeto en el suelo.
-          Danos eso y no te haremos daño.
-          No necesitan esto –Afirmó Midas-, o también son como…
-          ¡¿Como qué?! Entréganos esa cosa, no queremos que haya una tragedia –Sonreía mirando al amenazado-
-          ¿Creen poder hacerlo? –Mencionó Midas con tranquilidad-
Uno de ellos se aproximó precipitadamente intentando atravesar el vientre de Midas, pero su arma (Una pequeña navaja) fue convertida en oro dejando intacto al agredido. Los sujetos se asustaron y salieron corriendo por diferentes direcciones.
Por su parte, Midas levantó su carga y siguió su camino, pensaba en qué podía decirle a la familia de la estatua-hombre pero resolvió de otra manera su inquietud. Al llegar al lugar no se sorprendió con la mansión que encontró. Dejó su carga en la entrada con la navaja que intentó penetrar su piel y una hoja de oro sólido con unas marquillas que tenían escrito:
“Recompensaré su perdida”
Firma: Midas  (Cabaña de oro, afueras de la zona F de la ciudad)
Al marcharse alcanzó a ver una joven con un hermoso vestido rojo jugando en un frondoso jardín dentro del lugar, prosiguió su camino sin detenerse a mirarla más.
Pasaron dos días, llegó un joven que apenas vio a Midas le dijo
-          Vine por la recompensa por la muerte de mi padre.
-          ¿Te gustaría que viviera?
-          Era un hombre avaro y molesto, siempre nos exigía que consiguiéramos más capital para enriquecer su ego. No, no me interesa tenerlo de vuelta –observó a su alrededor- pero veo que vives en un palacio…
-          ¿Por qué lo dices?
El joven prestó atención a la cabaña con todos sus objetos, estaba envuelta de ese material frio y brillante, material preciado por el hombre. Incluso el camino por el que anduvo para llegar era de oro puro.
-          ¿Te gusta el oro? –Preguntó Midas-
-          Me parece que es hermoso, pero es más precioso el dinero, así que…
-          Viniste por eso –Arremetió Midas-
-          Exacto, quiero ser el hombre más rico del mundo.
-          ¿Para qué?
-          Significa poder.
-          Bien, te recompensaré ¿Qué quieres que te dé?
-          Convierte en oro todo lo que traiga.
-          Tráelo –Midas levantó y abrió su mano en frente de este sujeto que reía casi a carcajadas-
Trajo objetos de tamaños colosales, que se convertían en oro al instante con el poder preciso y maldito del antiguo rey.
-          ¿Para qué tanto oro? ¿Te gustaría estar bañado en oro?
-          Sí…
-          Acércate –Movió dos dedos (Los comúnmente llamados corazón e índice) de su mano izquierda.
Cuando el joven se acercó de manera inmediata se convirtió en oro al ser tocado por Midas. Éste pidió a los trabajadores dejar ello ahí y mandó por el segundo de los hermanos. Los trabajadores obedecieron, por lo cual les entregó una moneda de oro.
 Al día siguiente el segundo joven llegó, era alto como el primero pero su piel y rostro eran más bellos con una nariz perfectamente delineada, ojos azules, cabello color miel y una boca carnuda con labios rojos, realmente hermoso.
-          Vengo por mi hermano y la recompensa –Dijo secamente-
Midas le expuso a su hermano en el jardín junto a todos aquellos objetos convertidos en oro.
-          Deseó estar bañado en oro… -Dijo Midas-
-          Sí, codicioso…
-          Y ¿Qué quieres tú de recompensa?
-          Sólo convierte estos objetos en oro.
Algunos cuadros, reliquias y demás objetos se mostraron ante Midas:
-          ¿Para qué quieres que los convierta en oro?
-          Quiero decorar mi espacio, mi lugar, soy a quien le encanta la belleza, para que me observen y me reconozcan. 
-          Eres narcisista, te lo concederé, pero…
-          ¿Qué? –Dijo furioso el segundo joven-
-          ¿No te gustaría ser tan brillante y hermoso como el oro? Tu piel es hermosa no obstante tiene un color muy pálido pienso yo…
-          Sí, ahora que lo medito tienes razón… me gustaría eso.
Midas se le acercó rápidamente.
-          Concedido –Dijo mientras le tocaba la frente con los dos dedos de su mano izquierda-
Había un trabajador que venía por las cosas que el segundo joven llevó a la lujosa cabaña del antiguo rey.
-          Llama al tercero –Mencionó Midas-, porque sé que son tres…
-          Señor –Dijo asustado el trabajador-, no creo que venga ya que usted los convierte en oro. 
-          Si es honesto, virtuoso… no será así.
Le entregó tres monedas de oro y le hizo marchar por el tercer hermano.
Continuará

Datos personales